Lecturas del Día - 03/10/2026
SÁBADO. Hasta la hora nona: SÁBADO DE LA XXVI SEMANA DEL T. ORDINARIO o SANTA MARÍA EN SÁBADO, memoria libre o SAN FRANCISCO DE BORJA, presbítero, memoria libre
Primera Lectura : Job 42, 1-3. 5-6. 12-17
No se encontró el libro para la sigla: Job
Salmo : Sal 119 (118)
R// Haz brillar, Señor, tu rostro sobre tu siervo.
119:1 Alef Dichosos los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahvé.
119:2 Dichosos los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón,
119:3 y los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.
119:4 Tú tus ordenanzas promulgaste, para que sean guardadas cabalmente.
119:5 ¡Ojalá mis caminos se aseguren para observar tus preceptos!
119:6 Entonces no tendré vergüenza alguna al mirar a todos tus mandamientos.
119:7 Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.
119:8 Tus preceptos, los observaré, no me abandones tú del todo.
119:9 Bet. ¿Cómo el joven guardará puro su camino? Observando tu palabra.
119:10 De todo corazón ando buscándote, no me desvíes de tus mandamientos.
119:11 Dentro del corazón he guardado tu promesa, para no pecar contra ti.
119:12 Bendito tú, Yahvé, enséñame tus preceptos.
119:13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.
119:14 En el camino de tus dictámenes me recreo más que en toda riqueza.
119:15 En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos.
119:16 En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra.
119:17 Guímel. Haz merced a tu siervo y viviré. y guardaré tu palabra.
119:18 Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley.
119:19 Un forastero soy sobre la tierra, tus mandamientos no me ocultes.
119:20 Mi alma se consume deseando tus juicios en todo tiempo.
119:21 Tú increpas a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.
119:22 Echa lejos de mí oprobio y menosprecio, porque he guardado tus dictámenes.
119:23 Aunque los príncipes hablen en sesión contra mí, tu servidor medita en tus preceptos.
119:24 Tus dictámenes hacen mis delicias, mis consejeros, tus preceptos.
119:25 Dálet. Mi alma está pegada al polvo, hazme vivir conforme a tu palabra.
119:26 Mis caminos expuse, y tú me respondiste, enséñame tus preceptos.
119:27 Hazme entender el camino de tus ordenanzas, y meditaré en tus maravillas.
119:28 Se va en lágrimas mi alma por el tedio, sosténme conforme a tu palabra.
119:29 Aléjame del camino de mentira, y dame la gracia de tu ley,
119:30 He escogido el camino de la lealtad, a tus juicios me conformo.
119:31 A tus dictámenes me mantengo adherido, no me confundas, tú, Yahvé.
119:32 Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas.
119:33 He. Enséñame, Yahvé, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa.
119:34 Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón.
119:35 Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella.
119:36 Inclina mi corazón hacia tus dictámenes, y no a ganancia injusta.
119:37 Aparta mis ojos de mirar vanidades, por tu palabra vivifícame.
119:38 Mantén a tu siervo tu promesa, que conduce a tu temor.
119:39 Aparta de mí el oprobio que me espanta, pues son buenos tus juicios.
119:40 Mira que deseo tus ordenanzas, hazme vivir por tu justicia.
119:41 Vau. ¡Llegue hasta mí tu amor, Yahvé, tu salvación, conforme a tu promesa!
119:42 Y daré respuesta al que me insulta, porque confio en tu palabra.
119:43 No quites de mi boca la palabra de verdad, porque espero en tus juicios.
119:44 Yo observaré sin descanso tu ley para siempre jamás.
119:45 Y andaré por camino anchuroso, porque tus ordenanzas voy buscando.
119:46 De tus dictámenes hablaré ante los reyes, y no tendré que avergonzarme.
119:47 Y me deleitaré en tus mandamientos, que amo mucho.
119:48 Tiendo mis manos hacia tus mandamientos, en tus preceptos medito.
119:49 Zain. Recuerda la palabra dada a tu servidor, de la que has hecho mi esperanza.
119:50 Este es mi consuelo en mi miseria: que tu promesa me da vida.
119:51 Los soberbios me insultan hasta el colmo, yo no me aparto de tu ley.
119:52 Me acuerdo de tus juicios de otro tiempo, oh Yahvé, y me consuelo.
119:53 Me arrebata el furor por los impíos que abandonan tu ley.
119:54 Tus preceptos son cantares para mí en mi mansión de forastero.
119:55 Me acuerdo por la noche de tu nombre, Yahvé, quiero guardar tu ley.
119:56 Esta es mi tarea: guardar tus ordenanzas.
119:57 Jet. Mi porción, Yahvé, he dicho, es guardar tus palabras.
119:58 Con todo el corazón busco tu favor, tenme piedad conforme a tu promesa.
119:59 He examinado mis caminos y quiero volver mis pies a tus dictámenes.
119:60 Me doy prisa y no me tardo en observar tus mandamientos.
119:61 Las redes de los impíos me aprisionan, yo no olvido tu ley.
119:62 Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios.
119:63 Amigo soy de todos los que te temen y observan tus ordenanzas.
119:64 De tu amor, Yahvé, está la tierra llena, enséñame tus preceptos.
119:65 Tet. Has sido generoso con tu siervo, oh Yahvé, conforme a tu palabra.
119:66 Cordura y sabiduría enséñame, pues tengo fe en tus mandamientos.
119:67 Antes de ser humillado, me descarriaba, mas ahora observo tu promesa.
119:68 Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.
119:69 Los soberbios me enredan con mentira, yo guardo tus ordenanzas de todo corazón.
119:70 Como de grasa su corazón está embotado. mas yo en tu ley tengo mis delicias.
119:71 Un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos.
119:72 Un bien para mí la ley de tu boca, más que miles de oro y plata.
119:73 Yod. Tus manos me han hecho y me han formado, hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.
119:74 Los que te temen me ven con alegría, porque espero en tu palabra.
119:75 Yo sé, Yahvé, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú.
119:76 Sea tu amor consuelo para mí, según tu promesa a tu servidor.
119:77 Me alcancen tus ternuras y viviré, porque tu ley es mi delicia.
119:78 Sean confundidos los soberbios que me afligen con mentira, yo en tus ordenanzas medito.
119:79 Vuélvanse hacia mí los que te temen, los que conocen tus dictámenes.
119:80 Sea mi corazón perfecto en tus preceptos, para que no sea confundido.
119:81 Kaf. En pos de tu salvación mi alma languidece, en tu palabra espero.
119:82 Languidecen mis ojos en pos de tu promesa diciendo: «¿Cuándo vas a consolarme?»
119:83 Aun hecho igual que un pellejo que se ahúma, de tus preceptos no me olvido.
119:84 ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿cuándo harás justicia de mis perseguidores?
119:85 Los soberbios han cavado fosas para mí en contra de tu ley.
119:86 Todos tus mandamientos son verdad, con mentira se me persigue, ¡ayúdame!
119:87 Poco falta para que me borren de la tierra, mas yo tus ordenanzas no abandono.
119:88 Según tu amor dame la vida, y guardaré el dictamen de tu boca.
119:89 Lámed. Para siempre, Yahvé, tu palabra, firme está en los cielos.
119:90 Por todas las edades tu verdad, tú fijaste la tierra, ella persiste.
119:91 Por tus juicios subsiste todo hasta este día, pues toda cosa es sierva tuya.
119:92 Si tu ley no hubiera sido mi delicia, ya habría perecido en mi miseria.
119:93 Jamás olvidaré tus ordenanzas, por ellas tú me das la vida.
119:94 Tuyo soy, sálvame, pues tus ordenanzas voy buscando.
119:95 Para perderme me acechan los impíos, yo estoy atento a tus dictámenes.
119:96 De todo lo perfecto he visto el límite: ¡Qué inmenso es tu mandamiento!
119:97 Mem. ¡Oh, cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.
119:98 Más sabio me haces que mis enemigos por tu mandamiento, que por siempre es mío.
119:99 Tengo más prudencia que todos mis maestros, porque mi meditación son tus dictámenes.
119:100 Poseo más cordura que los viejos, porque guardo tus ordenanzas.
119:101 Retraigo mis pasos de toda mala senda para guardar tu palabra.
119:102 De tus juicios no me aparto, porque me instruyes tú.
119:103 ¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!
119:104 Por tus ordenanzas cobro inteligencia, por eso odio toda senda de mentira.
119:105 Nun. Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero.
119:106 He jurado, y he de mantenerlo, guardar tus justos juicios.
119:107 Humillado en exceso estoy, Yahvé, dame la vida conforme a tu palabra.
119:108 Acepta los votos de mi boca, Yahvé, y enséñame tus juicios.
119:109 Mi alma está en mis manos sin cesar, mas no olvido tu ley.
119:110 Me tienden un lazo los impíos, mas yo no me desvío de tus ordenanzas.
119:111 Tus dictámenes son mi herencia por siempre, ellos son la alegría de mi corazón.
119:112 Inclino mi corazón a practicar tus preceptos, recompensa por siempre.
119:113 Sámek. Aborrezco la doblez y amo tu ley.
119:114 Mi refugio y mi escudo eres tú, yo espero en tu palabra.
119:115 ¡Apartaos de mí, malvados, quiero guardar los mandamientos de mi Dios!
119:116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré, no defraudes mi esperanza.
119:117 Sé tú mi apoyo, y seré salvo, y sin cesar tendré a la vista tus preceptos.
119:118 Tú deshaces a todos los que se desvían de tus preceptos, mentira es su astucia.
119:119 Tienes por escoria a todos los impíos de la tierra, por eso amo yo tus dictámenes.
119:120 Por tu terror tiembla mi carne, de tus juicios tengo miedo.
119:121 Ain. Juicio y justicia he practicado, a mis opresores no me entregues.
119:122 Sé fiador de tu siervo para el bien, no me opriman los soberbios.
119:123 En pos de tu salvación languidecen mis ojos, tras tu promesa de justicia.
119:124 Según tu amor trata a tu siervo, enséñame tus preceptos. 125 Yo soy tu servidor, hazme entender, y aprenderé tus dictámenes.
119:126 Ya es hora de actuar, Yahvé, se ha violado tu ley.
119:127 Por eso amo yo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino.
119:128 Por eso me guío por todas tus ordenanzas y odio toda senda de mentira.
119:129 Pe. Maravillas son tus dictámenes, por eso mi alma los guarda.
119:130 Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia a los sencillos.
119:131 Abro mi boca franca, y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandamientos.
119:132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo para los que aman tu nombre.
119:133 Mis pasos asegura en tu promesa, que no me domine ningún mal.
119:134 Rescátame de la opresión del hombre, y tus ordenanzas guardaré.
119:135 Haz que brille tu faz para tu siervo, y enséñame tus preceptos.
119:136 Mis ojos destilan ríos de lágrimas, porque tu ley no se guarda.
119:137 Sade. ¡Justo eres tú, Yahvé, y rectitud tus juicios!
119:138 Con justicia impones tus dictámenes, con colmada verdad.
119:139 Mi celo me consume, porque mis adversarios olvidan tus palabras.
119:140 Acendrada en extremo es tu promesa, tu servidor la ama.
119:141 Pequeño soy y despreciado, mas no olvido tus ordenanzas.
119:142 Justicia eterna es tu justicia, verdad tu ley.
119:143 Angustia y opresión me han alcanzado, tus mandamientos hacen mis delicias.
119:144 Justicia eterna tus dictámenes, hazme entender para que viva.
119:145 Qof. Invoco con todo el corazón, respóndeme, Yahvé, y guardaré tus preceptos.
119:146 Yo te invoco, sálvame, y guardaré tus dictámenes.
119:147 Me adelanto a la aurora y pido auxilio, en tu palabra espero.
119:148 Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, a fin de meditar en tu promesa.
119:149 Por tu amor, Yahvé, escucha mi voz, por tus juicios, vivifícame.
119:150 Se acercan a la infamia los que me persiguen, se alejan de tu ley.
119:151 Tú estás cerca, Yahvé, todos tus mandamientos son verdad.
119:152 De tus dictámenes sé desde hace tiempo que para siempre los fundaste.
119:153 Res Mira mi aflicción y líbrame, porque tu ley no olvido.
119:154 Aboga por mi causa tú, rescátame, dame la vida conforme a tu promesa.
119:155 Lejos de los impíos la salvación, pues no van buscando tus preceptos.
119:156 Muchas son tus ternuras, Yahvé, por tus juicios, vivifícame.
119:157 Numerosos mis perseguidores y adversarios, yo no me aparto de tus dictámenes.
119:158 He visto a los traidores, me disgusta que no guarden tu promesa.
119:159 Mira que amo tus ordenanzas, Yahvé, dame la vida por tu amor.
119:160 Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios.
119:161 Sin. Príncipes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus palabras.
119:162 Me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.
119:163 La mentira detesto y abomino, amo tu ley.
119:164 Siete veces al día te alabo por tus justos juicios.
119:165 Mucha es la paz de los que aman tu ley, no hay tropiezo para ellos.
119:166 Espero tu salvación, Yahvé, tus mandamientos cumplo.
119:167 Mi alma guarda tus dictámenes, mucho los amo.
119:168 Guardo tus ordenanzas y dictámenes que ante ti están todos mis caminos.
119:169 Tau. Mi grito llegue hasta tu faz, Yahvé, por tu palabra dame inteligencia.
119:170 Mi súplica llegue ante tu rostro, por tu promesa líbrame.
119:171 Mis labios proclaman tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos.
119:172 Mi lengua repita tu promesa, pues todos tus mandamientos son justicia.
119:173 Venga tu mano en mi socorro, porque tus ordenanzas he escogido.
119:174 Anhelo tu salvación, Yahvé, tu ley hace mis delicias.
119:175 Viva mi alma para alabarte, y ayúdenme tus juicios.
119:176 Me he descarriado como oveja perdida: ven en busca de tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos.
Evangelio : Lc 10, 17-24
10:17 Regresaron los 72 alegres, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre».
10:18 El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
10:19 Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño;
10:20 pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos».
10:21 En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
10:22 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
10:23 Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis!
10:24 Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».
SÁBADO. Después de la hora nona: Misa vespertina del XXVII Domingo del tiempo ordinario
Primera Lectura : Is 5, 1-7
5:1 Voy a cantar a mi amigo la canción de su amor por su viña. Una viña tenía mi amigo en un fértil otero.
5:2 La cavó y despedregó, y la plantó de cepa exquisita. Edificó una torre en medio de ella, y además excavó en ella un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agraces.
5:3 Ahora, pues, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, venid a juzgar entre mi viña y yo:
5:4 ¿Qué más se puede hacer ya a mi viña, que no se lo haya hecho yo? Yo esperaba que diese uvas. ¿Por qué ha dado agraces?
5:5 Ahora, pues, voy a haceros saber, lo que hago yo a mi viña: quitar su seto, y será quemada; desportillar su cerca, y será pisoteada.
5:6 Haré de ella un erial que ni se pode ni se escarde. crecerá la zarza y el espino, y a las nubes prohibiré llover sobre ella.
5:7 Pues bien, viña de Yahvé Sebaot es la Casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantío exquisito. Esperaba de ellos justicia, y hay iniquidad; honradez, y hay alaridos.
Salmo : Sal 80 (79)
R// La viña del Señor es la casa de Israel.
80:1 Del maestro de coro. Según la melodía: «Lirios es el dictamen». De Asaf. Salmo.
80:2 Pastor de Israel, escucha, tú que guías a José como un rebaño; tú que estás sentado entre querubes, resplandece
80:3 ante Efraím, Benjamín y Manasés; ¡despierta tu poderío, y ven en nuestro auxilio!
80:4 ¡Oh Dios, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos!
80:5 ¿Hasta cuándo, oh Yahvé Dios Sebaot, estarás airado contra la plegaria de tu pueblo?
80:6 Les das a comer un pan de llanto les haces beber lágrimas al triple;
80:7 habladuría nos haces de nuestros convecinos, y nuestros enemigos se burlan de nosotros.
80:8 ¡Oh Dios Sebaot, haznos volver, y brille tu rostro, para que seamos salvos!
80:9 Una viña de Egipto arrancaste, expulsaste naciones para plantarla a ella,
80:10 le preparaste el suelo, y echó raíces y llenó la tierra.
80:11 Su sombra cubría las montañas, sus pámpanos los cedros de Dios;
80:12 extendía sus sarmientos hasta el mar, hasta el Río sus renuevos.
80:13 ¿Por qué has hecho brecha en sus tapias, para que todo el que pasa por el camino la vendimie,
80:14 el jabalí salvaje la devaste, y la pele el ganado de los campos?
80:15 ¡Oh Dios Sebaot, vuélvete ya, desde los cielos mira y ve, visita a esta viña,
80:16 cuídala, a ella, la que plantó tu diestra!
80:17 ¡Los que fuego le prendieron, cual basura, a la amenaza de tu faz perezcan!
80:18 Esté tu mano sobre el hombre de tu diestra, sobre el hijo de Adán que para ti fortaleciste.
80:19 Ya no volveremos a apartarnos de ti; nos darás vida y tu nombre invocaremos.
80:20 ¡Oh Yahvé, Dios Sebaot, haznos volver, y que brille tu rostro, para que seamos salvos!
Segunda Lectura : Flp 4, 6-9
4:6 No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.
4:7 Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
4:8 Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta.
4:9 Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.
Evangelio : Mt 21, 33-43
21:33 «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó.
21:34 Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.
21:35 Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.
21:36 De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.
21:37 Finalmente les envió a su hijo, diciendo: "A mi hijo le respetarán."
21:38 Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: "Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia."
21:39 Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron.
21:40 Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»
21:41 Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo».
21:42 Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos?
21:43 Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».