Lecturas del Día - 09/02/2026
LUNES DE LA V SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO
Primera Lectura : 1 Re 8, 1-7. 9-13
No se encontró el libro para la sigla: 1 Re
Salmo : Sal 132 (131)
R// ¡Levántate, Señor, ven a tu mansión!
132:1 Canción de las subidas. Acuérdate, Yahvé, en favor de David, de todos sus desvelos,
132:2 del juramento que hizo a Yahvé, de su voto al Fuerte de Jacob:
132:3 «No he de entrar bajo el techo de mi casa, no he de subir al lecho en que reposo,
132:4 sueño a mis ojos no he de conceder ni quietud a mis párpados,
132:5 mientras no encuentre un lugar para Yahvé, una Morada para el Fuerte de Jacob».
132:6 Mirad: hemos oído de Ella que está en Efratá, ¡la hemos encontrado en los Campos del Bosque!
132:7 ¡Vayamos a la Morada de él, ante el estrado de sus pies postrémonos!
132:8 ¡Levántate, Yahvé, hacia tu reposo, tú y el arca de tu fuerza!
132:9 Tus sacerdotes se vistan de justicia, griten de alegría tus amigos.
132:10 En gracia a David, tu servidor, no rechaces el rostro de tu ungido.
132:11 Juró Yahvé a David, verdad que no retractará: «El fruto de tu seno asentaré en tu trono.
132:12 «Si tus hijos guardan mi alianza, el dictamen que yo les enseño, también sus hijos para siempre se sentarán sobre tu trono».
132:13 Porque Yahvé ha escogido a Sión, la ha querido como sede para sí:
132:14 «Aquí está mi reposo para siempre, en él me sentaré, pues lo he querido.
132:15 «Sus provisiones bendeciré sin tasa, a sus pobres hartaré de pan,
132:16 de salvación vestiré a sus sacerdotes, y sus amigos gritarán de júbilo.
132:17 «Allí suscitaré a David un fuerte vástago, aprestaré una lámpara a mi ungido;
132:18 de vergüenza cubriré a sus enemigos, y sobre él brillará su diadema».
Evangelio : Mc 6, 53-56
6:53 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret y atracaron.
6:54 Apenas desembarcaron, le reconocieron en seguida,
6:55 recorrieron toda aquella región y comenzaron a traer a los enfermos en camillas adonde oían que él estaba.
6:56 Y dondequiera que entraba, en pueblos, ciudades o aldeas, colocaban a los enfermos en las plazas y le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaban salvados.