Salmos 9-10
1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo. De David.
2 Te doy gracias, Yahvé, de todo corazón, cantaré todas tus maravillas;
3 quiero alegrarme y exultar en ti, salmodiar a tu nombre, Altísimo.
4 Mis enemigos retroceden, flaquean, perecen delante de tu rostro;
5 pues tú has llevado mi juicio y mi sentencia, sentándote en el trono cual juez justo.
6 Has reprimido a las gentes, has perdido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás;
7 acabado el enemigo, todo es ruina sin fin, has suprimido sus ciudades, perdido su recuerdo. He aquí que
8 Yahvé se sienta para siempre, afianza para el juicio su trono;
9 él juzga al orbe con justicia, a los pueblos con rectitud sentencia.
10 ¡Sea Yahvé ciudadela para el oprimido, ciudadela en los tiempos de angustia!
11 Y en ti confíen los que saben tu nombre, pues tú, Yahvé, no abandonas a los que te buscan.
12 Salmodiad a Yahvé, que se sienta en Sión, publicad por los pueblos sus hazañas;
13 que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda, no olvida el grito de los desdichados.
14 Tenme piedad, Yahvé, ve mi aflicción, tú que me recobras de las puertas de la muerte,
15 para que yo cuente todas tus alabanzas a las puertas de la hija de Sión, gozoso de tu salvación.
16 Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron, en la red que ocultaron, su pie quedó prendido.
17 Yahvé se ha dado a conocer, ha hecho justicia, el impío se ha enredado en la obra de sus manos. Sordina. Pausa.
18 ¡Vuelvan los impíos al seol, todos los gentiles que de Dios se olvidan!
19 Que no queda olvidado el pobre eternamente, no se pierde por siempre la esperanza de los desdichados.
20 ¡Levántate, Yahvé, no triunfe el hombre, sean juzgados los gentiles delante de tu rostro!
21 Infunde tú, Yahvé, en ellos el terror, aprendan los gentiles que no son más que hombres. Pausa.
Salmo 10
1 Lámed ¿Por qué, Yahvé, te quedas lejos, te escondes en las horas de la angustia?
2 Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado, queda preso en la trampa que le ha urdido.
3 (Mem.) Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma, el avaro que bendice menosprecia a Yahvé,
4 (Nun.) el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.
5 En todo tiempo se afianzan sus caminos, allá arriba tus juicios muy lejos de él están, a todos sus rivales da soplidos.
6 Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» (Sámek.) porque en desgracia no se ve,
7 maldice. (Pe.) De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;
8 al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. (Ain.) Todo ojos, espía al desvalido,
9 al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red.
10 (Sade.) Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder;
11 dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás».
12 Qof. ¡Levántate, Yahvé, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados!
13 ¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»
14 Res. Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano.
15 Sin. ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro!
16 ¡Yahvé es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra!
17 Tau. El deseo de los humildes escuchas tú, Yahvé, su corazón confortas, alarguas tus oídos,
18 para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!