Lecturas del Día - 21/04/2026
MARTES DE LA III SEMANA DE PASCUA, feria o SAN ANSELMO, obispo y doctor de la Iglesia
Primera Lectura : Hch 7, 51 — 8, 1a
7:51 «¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! ¡Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo! ¡Como vuestros padres, así vosotros!
7:52 ¿A qué profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos mataron a los que anunciaban de antemano la venida del Justo, de aquel a quien vosotros ahora habéis traicionado y asesinado;
7:53 vosotros que recibisteis la Ley por mediación de ángeles y no la habéis guardado».
7:54 Al oír esto, sus corazones se consumían de rabia y rechinaban sus dientes contra él.
7:55 Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios;
7:56 y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios».
7:57 Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y se precipitaron todos a una sobre él;
7:58 le echaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un joven llamado Saulo.
7:59 Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».
7:60 Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado». Y diciendo esto, se durmió.
8:1 Saulo aprobaba su muerte. Aquel día se desató una gran persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, a excepción de los apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaria.
Salmo : Sal 31 (30)
R// A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
31:1 Del maestro de coro. Salmo. De David.
31:2 En ti, Yahvé, me cobijo, ¡oh, no sea confundido jamás! ¡Recóbrame por tu justicia, líbrame,
31:3 tiende hacia mí tu oído, date prisa! Sé para mí una roca de refugio, alcázar fuerte que me salve;
31:4 pues mi roca eres tú, mi fortaleza, y, por tu nombre, me guías y diriges.
31:5 Sácame de la red que me han tendido, que tú eres mi refugio;
31:6 en tus manos mi espíritu encomiendo, tú, Yahvé, me rescatas. Dios de verdad,
31:7 tú detestas a los que veneran vanos ídolos; mas yo en Yahvé confío:
31:8 ¡exulte yo y en tu amor me regocije! Tú que has visto mi miseria, y has conocido las angustias de mi alma,
31:9 no me has entregado en manos del enemigo, y has puesto mis pies en campo abierto.
31:10 Tenme piedad, Yahvé, que en angustias estoy. De tedio se corroen mis ojos, mi alma, mis entrañas.
31:11 Pues mi vida se consume en aflicción, y en suspiros mis años; sucumbe mi vigor a la miseria, mis huesos se corroen.
31:12 De todos mis opresores me he hecho el oprobio; asco soy de mis vecinos, espanto de mis familiares. Los que me ven en la calle huyen lejos de mí;
31:13 dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho.
31:14 Escucho las calumnias de la turba, terror por todos lados, mientras se aúnan contra mí en conjura, tratando de quitarme la vida.
31:15 Mas yo confío en ti, Yahvé, me digo: «¡Tú eres mi Dios!»
31:16 Está en tus manos mi destino, líbrame de las manos de mis enemigos y perseguidores;
31:17 haz que alumbre a tu siervo tu semblante, ¡sálvame, por tu amor!
31:18 Yahvé, no haya confusión para mí, que te invoco, ¡confusión sólo para los impíos; que bajen en silencio al seol,
31:19 enmudezcan los labios mentirosos que hablan con insolencia contra el justo, con orgullo y desprecio!
31:20 ¡Qué grande es tu bondad, Yahvé! Tú la reservas para los que te temen, se la brindas a los que a ti se acogen, ante los hijos de Adán.
31:21 Tú los escondes en el secreto de tu rostro, lejos de las intrigas de los hombres; bajo techo los pones a cubierto de la querella de las lenguas.
31:22 ¡Bendito sea Yahvé que me ha brindado maravillas de amor (en ciudad fortificada)!
31:23 ¡Y yo que decía en mi inquietud: «Estoy dejado de tus ojos!» Mas tú oías la voz de mis plegarias, cuando clamaba a ti.
31:24 Amad a Yahvé, todos sus amigos; a los fieles protege Yahvé, pero devuelve muy sobrado al que obra por orgullo.
31:25 ¡Valor, que vuestro corazón se afirme, vosotros todos que esperáis en Yahvé!
Evangelio : Jn 6, 30-35
6:30 Ellos entonces le dijeron: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?
6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer».
6:32 Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo;
6:33 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo».
6:34 Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan».
6:35 Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.