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Lecturas del Día - 03/08/2026

LUNES DE LA XVIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

Tiempo Ordinario Semana XVIII Verde

Primera Lectura : Jr 28, 1-17

28:1 Aconteció en aquel mismo año - al principio del reinado de Sedecías, rey de Judá, en el año cuarto, en el mes quinto - que se dirigió a mí el profeta Jananías, hijo de Azzur, que era de Gabaón, en la Casa de Yahvé, a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo diciendo:

28:2 «Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia.

28:3 Dentro de dos años completos yo hago devolver a este lugar todos los objetos de la Casa de Yahvé que el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tomó de este lugar y llevó a Babilonia;

28:4 y a Jeconías, hijo de Yoyaquim, rey de Judá, y a todos los deportados de Judá que han ido a Babilonia, yo les hago volver a este lugar - oráculo de Yahvé - en cuanto rompa el yugo del rey de Babilonia».

28:5 Dijo el profeta Jeremías al profeta Jananías, a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo, que estaban parados en la Casa de Yahvé;

28:6 dijo, pues, el profeta Jeremías: «¡Amen! Así haga Yahvé. Confirme Yahvé las palabras que has profetizado, devolviendo de Babilonia a este lugar los objetos de la Casa de Yahvé, y a todos los deportados.

28:7 Pero, oye ahora esta palabra que pronunció a oídos tuyos y de todo el pueblo:

28:8 Profetas hubo antes de mí y de ti desde siempre, que profetizaron a muchos países y a grandes reinos la guerra, el mal y la peste.

28:9 Si un profeta profetiza la paz, cuando se cumpla la palabra del profeta, se reconocerá que le había enviado Yahvé de verdad».

28:10 Entonces tomó el profeta Jananías el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías y lo rompió;

28:11 y habló Jananías delante de todo el pueblo: «Así dice Yahvé: Así romperé el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, dentro de dos años completos, de sobre la cerviz de todas las naciones». Y se fue el profeta Jeremías por su camino.

28:12 Entonces fue dirigida la palabra de Yahvé a Jeremías en estos términos, después que el profeta Jananías hubo roto el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías:

28:13 «Ve y dices a Jananías: Así dice Yahvé: Yugo de palo has roto, pero tú lo reemplazarás por yugo de hierro.

28:14 Porque así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel: Yugo de hierro he puesto sobre la cerviz de todas estas naciones, para que sirvan a Nabucodonosor, rey de Babilonia, y le servirán (y también los animales del campo le he dado...)».

28:15 Dijo también el profeta Jeremías al profeta Jananías: «Oye, Jananías: No te envió Yahvé, y tú has hecho confiar a este pueblo en cosa falsa.

28:16 Por eso, así dice Yahvé: He aquí que yo te arrojo de sobre la haz del suelo. Este año morirás (porque rebelión has predicado contra Yahvé)».

28:17 Y murió el profeta Jananías aquel mismo año, en el mes séptimo.

Salmo : Sal 119 (118)

R// Instrúyeme, Señor, en tus decretos.

119:1 Alef Dichosos los que van por camino perfecto, los que proceden en la ley de Yahvé.

119:2 Dichosos los que guardan sus dictámenes, los que le buscan de todo corazón,

119:3 y los que, sin cometer iniquidad, andan por sus caminos.

119:4 Tú tus ordenanzas promulgaste, para que sean guardadas cabalmente.

119:5 ¡Ojalá mis caminos se aseguren para observar tus preceptos!

119:6 Entonces no tendré vergüenza alguna al mirar a todos tus mandamientos.

119:7 Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.

119:8 Tus preceptos, los observaré, no me abandones tú del todo.

119:9 Bet. ¿Cómo el joven guardará puro su camino? Observando tu palabra.

119:10 De todo corazón ando buscándote, no me desvíes de tus mandamientos.

119:11 Dentro del corazón he guardado tu promesa, para no pecar contra ti.

119:12 Bendito tú, Yahvé, enséñame tus preceptos.

119:13 Con mis labios he contado todos los juicios de tu boca.

119:14 En el camino de tus dictámenes me recreo más que en toda riqueza.

119:15 En tus ordenanzas quiero meditar y mirar a tus caminos.

119:16 En tus preceptos tengo mis delicias, no olvido tu palabra.

119:17 Guímel. Haz merced a tu siervo y viviré. y guardaré tu palabra.

119:18 Abre mis ojos para que contemple las maravillas de tu ley.

119:19 Un forastero soy sobre la tierra, tus mandamientos no me ocultes.

119:20 Mi alma se consume deseando tus juicios en todo tiempo.

119:21 Tú increpas a los soberbios, los malditos, que se desvían de tus mandamientos.

119:22 Echa lejos de mí oprobio y menosprecio, porque he guardado tus dictámenes.

119:23 Aunque los príncipes hablen en sesión contra mí, tu servidor medita en tus preceptos.

119:24 Tus dictámenes hacen mis delicias, mis consejeros, tus preceptos.

119:25 Dálet. Mi alma está pegada al polvo, hazme vivir conforme a tu palabra.

119:26 Mis caminos expuse, y tú me respondiste, enséñame tus preceptos.

119:27 Hazme entender el camino de tus ordenanzas, y meditaré en tus maravillas.

119:28 Se va en lágrimas mi alma por el tedio, sosténme conforme a tu palabra.

119:29 Aléjame del camino de mentira, y dame la gracia de tu ley,

119:30 He escogido el camino de la lealtad, a tus juicios me conformo.

119:31 A tus dictámenes me mantengo adherido, no me confundas, tú, Yahvé.

119:32 Corro por el camino de tus mandamientos, pues tú mi corazón dilatas.

119:33 He. Enséñame, Yahvé, el camino de tus preceptos, yo lo quiero guardar en recompensa.

119:34 Hazme entender, para guardar tu ley y observarla de todo corazón.

119:35 Llévame por la senda de tus mandamientos porque mi complacencia tengo en ella.

119:36 Inclina mi corazón hacia tus dictámenes, y no a ganancia injusta.

119:37 Aparta mis ojos de mirar vanidades, por tu palabra vivifícame.

119:38 Mantén a tu siervo tu promesa, que conduce a tu temor.

119:39 Aparta de mí el oprobio que me espanta, pues son buenos tus juicios.

119:40 Mira que deseo tus ordenanzas, hazme vivir por tu justicia.

119:41 Vau. ¡Llegue hasta mí tu amor, Yahvé, tu salvación, conforme a tu promesa!

119:42 Y daré respuesta al que me insulta, porque confio en tu palabra.

119:43 No quites de mi boca la palabra de verdad, porque espero en tus juicios.

119:44 Yo observaré sin descanso tu ley para siempre jamás.

119:45 Y andaré por camino anchuroso, porque tus ordenanzas voy buscando.

119:46 De tus dictámenes hablaré ante los reyes, y no tendré que avergonzarme.

119:47 Y me deleitaré en tus mandamientos, que amo mucho.

119:48 Tiendo mis manos hacia tus mandamientos, en tus preceptos medito.

119:49 Zain. Recuerda la palabra dada a tu servidor, de la que has hecho mi esperanza.

119:50 Este es mi consuelo en mi miseria: que tu promesa me da vida.

119:51 Los soberbios me insultan hasta el colmo, yo no me aparto de tu ley.

119:52 Me acuerdo de tus juicios de otro tiempo, oh Yahvé, y me consuelo.

119:53 Me arrebata el furor por los impíos que abandonan tu ley.

119:54 Tus preceptos son cantares para mí en mi mansión de forastero.

119:55 Me acuerdo por la noche de tu nombre, Yahvé, quiero guardar tu ley.

119:56 Esta es mi tarea: guardar tus ordenanzas.

119:57 Jet. Mi porción, Yahvé, he dicho, es guardar tus palabras.

119:58 Con todo el corazón busco tu favor, tenme piedad conforme a tu promesa.

119:59 He examinado mis caminos y quiero volver mis pies a tus dictámenes.

119:60 Me doy prisa y no me tardo en observar tus mandamientos.

119:61 Las redes de los impíos me aprisionan, yo no olvido tu ley.

119:62 Me levanto a medianoche a darte gracias por tus justos juicios.

119:63 Amigo soy de todos los que te temen y observan tus ordenanzas.

119:64 De tu amor, Yahvé, está la tierra llena, enséñame tus preceptos.

119:65 Tet. Has sido generoso con tu siervo, oh Yahvé, conforme a tu palabra.

119:66 Cordura y sabiduría enséñame, pues tengo fe en tus mandamientos.

119:67 Antes de ser humillado, me descarriaba, mas ahora observo tu promesa.

119:68 Tú, que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.

119:69 Los soberbios me enredan con mentira, yo guardo tus ordenanzas de todo corazón.

119:70 Como de grasa su corazón está embotado. mas yo en tu ley tengo mis delicias.

119:71 Un bien para mí ser humillado, para que aprenda tus preceptos.

119:72 Un bien para mí la ley de tu boca, más que miles de oro y plata.

119:73 Yod. Tus manos me han hecho y me han formado, hazme entender, y aprenderé tus mandamientos.

119:74 Los que te temen me ven con alegría, porque espero en tu palabra.

119:75 Yo sé, Yahvé, que son justos tus juicios, que con lealtad me humillas tú.

119:76 Sea tu amor consuelo para mí, según tu promesa a tu servidor.

119:77 Me alcancen tus ternuras y viviré, porque tu ley es mi delicia.

119:78 Sean confundidos los soberbios que me afligen con mentira, yo en tus ordenanzas medito.

119:79 Vuélvanse hacia mí los que te temen, los que conocen tus dictámenes.

119:80 Sea mi corazón perfecto en tus preceptos, para que no sea confundido.

119:81 Kaf. En pos de tu salvación mi alma languidece, en tu palabra espero.

119:82 Languidecen mis ojos en pos de tu promesa diciendo: «¿Cuándo vas a consolarme?»

119:83 Aun hecho igual que un pellejo que se ahúma, de tus preceptos no me olvido.

119:84 ¿Cuántos serán los días de tu siervo? ¿cuándo harás justicia de mis perseguidores?

119:85 Los soberbios han cavado fosas para mí en contra de tu ley.

119:86 Todos tus mandamientos son verdad, con mentira se me persigue, ¡ayúdame!

119:87 Poco falta para que me borren de la tierra, mas yo tus ordenanzas no abandono.

119:88 Según tu amor dame la vida, y guardaré el dictamen de tu boca.

119:89 Lámed. Para siempre, Yahvé, tu palabra, firme está en los cielos.

119:90 Por todas las edades tu verdad, tú fijaste la tierra, ella persiste.

119:91 Por tus juicios subsiste todo hasta este día, pues toda cosa es sierva tuya.

119:92 Si tu ley no hubiera sido mi delicia, ya habría perecido en mi miseria.

119:93 Jamás olvidaré tus ordenanzas, por ellas tú me das la vida.

119:94 Tuyo soy, sálvame, pues tus ordenanzas voy buscando.

119:95 Para perderme me acechan los impíos, yo estoy atento a tus dictámenes.

119:96 De todo lo perfecto he visto el límite: ¡Qué inmenso es tu mandamiento!

119:97 Mem. ¡Oh, cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

119:98 Más sabio me haces que mis enemigos por tu mandamiento, que por siempre es mío.

119:99 Tengo más prudencia que todos mis maestros, porque mi meditación son tus dictámenes.

119:100 Poseo más cordura que los viejos, porque guardo tus ordenanzas.

119:101 Retraigo mis pasos de toda mala senda para guardar tu palabra.

119:102 De tus juicios no me aparto, porque me instruyes tú.

119:103 ¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!

119:104 Por tus ordenanzas cobro inteligencia, por eso odio toda senda de mentira.

119:105 Nun. Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero.

119:106 He jurado, y he de mantenerlo, guardar tus justos juicios.

119:107 Humillado en exceso estoy, Yahvé, dame la vida conforme a tu palabra.

119:108 Acepta los votos de mi boca, Yahvé, y enséñame tus juicios.

119:109 Mi alma está en mis manos sin cesar, mas no olvido tu ley.

119:110 Me tienden un lazo los impíos, mas yo no me desvío de tus ordenanzas.

119:111 Tus dictámenes son mi herencia por siempre, ellos son la alegría de mi corazón.

119:112 Inclino mi corazón a practicar tus preceptos, recompensa por siempre.

119:113 Sámek. Aborrezco la doblez y amo tu ley.

119:114 Mi refugio y mi escudo eres tú, yo espero en tu palabra.

119:115 ¡Apartaos de mí, malvados, quiero guardar los mandamientos de mi Dios!

119:116 Sosténme conforme a tu promesa, y viviré, no defraudes mi esperanza.

119:117 Sé tú mi apoyo, y seré salvo, y sin cesar tendré a la vista tus preceptos.

119:118 Tú deshaces a todos los que se desvían de tus preceptos, mentira es su astucia.

119:119 Tienes por escoria a todos los impíos de la tierra, por eso amo yo tus dictámenes.

119:120 Por tu terror tiembla mi carne, de tus juicios tengo miedo.

119:121 Ain. Juicio y justicia he practicado, a mis opresores no me entregues.

119:122 Sé fiador de tu siervo para el bien, no me opriman los soberbios.

119:123 En pos de tu salvación languidecen mis ojos, tras tu promesa de justicia.

119:124 Según tu amor trata a tu siervo, enséñame tus preceptos. 125 Yo soy tu servidor, hazme entender, y aprenderé tus dictámenes.

119:126 Ya es hora de actuar, Yahvé, se ha violado tu ley.

119:127 Por eso amo yo tus mandamientos más que el oro, más que el oro fino.

119:128 Por eso me guío por todas tus ordenanzas y odio toda senda de mentira.

119:129 Pe. Maravillas son tus dictámenes, por eso mi alma los guarda.

119:130 Al abrirse, tus palabras iluminan dando inteligencia a los sencillos.

119:131 Abro mi boca franca, y hondo aspiro, que estoy ansioso de tus mandamientos.

119:132 Vuélvete a mí y tenme piedad, como es justo para los que aman tu nombre.

119:133 Mis pasos asegura en tu promesa, que no me domine ningún mal.

119:134 Rescátame de la opresión del hombre, y tus ordenanzas guardaré.

119:135 Haz que brille tu faz para tu siervo, y enséñame tus preceptos.

119:136 Mis ojos destilan ríos de lágrimas, porque tu ley no se guarda.

119:137 Sade. ¡Justo eres tú, Yahvé, y rectitud tus juicios!

119:138 Con justicia impones tus dictámenes, con colmada verdad.

119:139 Mi celo me consume, porque mis adversarios olvidan tus palabras.

119:140 Acendrada en extremo es tu promesa, tu servidor la ama.

119:141 Pequeño soy y despreciado, mas no olvido tus ordenanzas.

119:142 Justicia eterna es tu justicia, verdad tu ley.

119:143 Angustia y opresión me han alcanzado, tus mandamientos hacen mis delicias.

119:144 Justicia eterna tus dictámenes, hazme entender para que viva.

119:145 Qof. Invoco con todo el corazón, respóndeme, Yahvé, y guardaré tus preceptos.

119:146 Yo te invoco, sálvame, y guardaré tus dictámenes.

119:147 Me adelanto a la aurora y pido auxilio, en tu palabra espero.

119:148 Mis ojos se adelantan a las vigilias de la noche, a fin de meditar en tu promesa.

119:149 Por tu amor, Yahvé, escucha mi voz, por tus juicios, vivifícame.

119:150 Se acercan a la infamia los que me persiguen, se alejan de tu ley.

119:151 Tú estás cerca, Yahvé, todos tus mandamientos son verdad.

119:152 De tus dictámenes sé desde hace tiempo que para siempre los fundaste.

119:153 Res Mira mi aflicción y líbrame, porque tu ley no olvido.

119:154 Aboga por mi causa tú, rescátame, dame la vida conforme a tu promesa.

119:155 Lejos de los impíos la salvación, pues no van buscando tus preceptos.

119:156 Muchas son tus ternuras, Yahvé, por tus juicios, vivifícame.

119:157 Numerosos mis perseguidores y adversarios, yo no me aparto de tus dictámenes.

119:158 He visto a los traidores, me disgusta que no guarden tu promesa.

119:159 Mira que amo tus ordenanzas, Yahvé, dame la vida por tu amor.

119:160 Es verdad el principio de tu palabra, por siempre, todos tus justos juicios.

119:161 Sin. Príncipes me persiguen sin razón, mas mi corazón teme tus palabras.

119:162 Me regocijo en tu promesa como quien halla un gran botín.

119:163 La mentira detesto y abomino, amo tu ley.

119:164 Siete veces al día te alabo por tus justos juicios.

119:165 Mucha es la paz de los que aman tu ley, no hay tropiezo para ellos.

119:166 Espero tu salvación, Yahvé, tus mandamientos cumplo.

119:167 Mi alma guarda tus dictámenes, mucho los amo.

119:168 Guardo tus ordenanzas y dictámenes que ante ti están todos mis caminos.

119:169 Tau. Mi grito llegue hasta tu faz, Yahvé, por tu palabra dame inteligencia.

119:170 Mi súplica llegue ante tu rostro, por tu promesa líbrame.

119:171 Mis labios proclaman tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos.

119:172 Mi lengua repita tu promesa, pues todos tus mandamientos son justicia.

119:173 Venga tu mano en mi socorro, porque tus ordenanzas he escogido.

119:174 Anhelo tu salvación, Yahvé, tu ley hace mis delicias.

119:175 Viva mi alma para alabarte, y ayúdenme tus juicios.

119:176 Me he descarriado como oveja perdida: ven en busca de tu siervo. No, no me olvido de tus mandamientos.

Evangelio : Mt 14, 22-36

14:22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

14:23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí.

14:24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario.

14:25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar.

14:26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: «Es un fantasma», y de miedo se pusieron a gritar.

14:27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: «¡Animo!, que soy yo; no temáis».

14:28 Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir donde ti sobre las aguas».

14:29 «¡Ven!», le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús.

14:30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: «¡Señor, sálvame!»

14:31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»

14:32 Subieron a la barca y amainó el viento.

14:33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: «Verdaderamente eres Hijo de Dios».

14:34 Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret.

14:35 Los hombres de aquel lugar, apenas le reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y le presentaron todos los enfermos.

14:36 Le pedían que tocaran siquiera la orla de su manto; y cuantos la tocaron quedaron salvados.