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Lecturas del Día - 23/03/2026

LUNES DE LA V SEMANA DE CUARESMA, feria

Cuaresma Semana V Morado

Primera Lectura : Dn 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

13:1 Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín.

13:2 Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy bella y temerosa de Dios;

13:3 sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.

13:4 Joaquín era muy rico, tenía un jardín contiguo a su casa, y los judíos solían acudir donde él, porque era el más prestigioso de todos.

13:5 Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos, escogidos entre el pueblo, de aquellos de quienes dijo el Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y jueces que se hacían guías del pueblo».

13:6 Venían éstos a menudo a casa de Joaquín, y todos los que tenían algún litigio se dirigían a ellos.

13:7 Cuando todo el mundo se había retirado ya, a mediodía, Susana entraba a pasear por el jardín de su marido.

13:8 Los dos ancianos, que la veían entrar a pasear todos los días, empezaron a desearla.

13:9 Perdieron la cabeza dejando de mirar hacia el cielo y olvidando sus justos juicios.

13:15 Mientras estaban esperando la ocasión favorable, un día entró Susana en el jardín como los días precedentes, acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y como hacía calor quiso bañarse en el jardín.

13:16 No había allí nadie, excepto los dos ancianos que, escondidos, estaban al acecho.

13:17 Dijo ella a las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme».

13:19 En cuanto salieron las doncellas, los dos ancianos se levantaron, fueron corriendo donde ella,

13:20 y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos; consiente, pues, y entrégate a nosotros.

13:21 Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que estaba contigo un joven y que por eso habías despachado a tus doncellas».

13:22 Susana gimió: «¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas partes! Si hago esto, es la muerte para mí; si no lo hago, no escaparé de vosotros.

13:23 Pero es mejor para mí caer en vuestras manos sin haberlo hecho que pecar delante del Señor».

13:24 Y Susana se puso a gritar a grandes voces. Los dos ancianos gritaron también contra ella,

13:25 y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín.

13:26 Al oír estos gritos en el jardín, los domésticos se precipitaron por la puerta lateral para ver qué ocurría,

13:27 y cuando los ancianos contaron su historia, los criados se sintieron muy confundidos, porque jamás se había dicho una cosa semejante de Susana.

13:28 A la mañana siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, llegaron allá los dos ancianos, llenos de pensamientos inicuos contra Susana para hacerla morir.

13:29 Y dijeron en presencia del pueblo: «Mandad a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín». Mandaron a buscarla,

13:30 y ella compareció acompañada de sus padres, de sus hijos y de todos sus parientes.

13:33 Todos los suyos lloraban, y también todos los que la veían.

13:34 Los dos ancianos, levantándose en medio del pueblo, pusieron sus manos sobre su cabeza.

13:35 Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su corazón tenía puesta su confianza en Dios.

13:36 Los ancianos dijeron: «Mientras nosotros nos paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas. Cerró las puertas y luego despachó a las doncellas.

13:37 Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido y se acostó con ella.

13:38 Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver esta iniquidad, fuimos corriendo donde ellos.

13:39 Los sorprendimos juntos, pero a él no pudimos atraparle porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó.

13:40 Pero a ésta la agarramos y le preguntamos quién era aquel joven.

13:41 No quiso revelárnoslo. De todo esto nosotros somos testigos». La asamblea les creyó como ancianos y jueces del pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.

13:42 Entonces Susana gritó fuertemente: «Oh Dios eterno, que conoces los secretos, que todo lo conoces antes que suceda,

13:43 tú sabes que éstos han levantado contra mí falso testimonio. Y ahora voy a morir, sin haber hecho nada de lo que su maldad ha tramado contra mí».

13:44 El Señor escuchó su voz

13:45 y, cuando era llevada a la muerte, suscitó el santo espíritu de un jovencito llamado Daniel,

13:46 que se puso a gritar: «¡Yo estoy limpio de la sangre de esta mujer!»

13:47 Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa eso que has dicho?»

13:48 El, de pie en medio de ellos, respondió: «¿Tan necios sois, hijos de Israel, para condenar sin investigación y sin evidencia a una hija de Israel?

13:49 ¡Volved al tribunal, porque es falso el testimonio que éstos han levantado contra ella!»

13:50 Todo el pueblo se apresuró a volver allá, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos lo que piensas, ya que Dios te ha dado la dignidad de la ancianidad».

13:51 Daniel les dijo entonces: «Separadlos lejos el uno del otro, y yo les interrogaré».

13:52 Una vez separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «Envejecido en la iniquidad, ahora han llegado al colmo los delitos de tu vida pasada,

13:53 dictador de sentencias injustas, que condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, siendo así que el Señor dice: "No matarás al inocente y al justo."

13:54 Conque, si la viste, dinos bajo qué árbol los viste juntos». Respondió él: «Bajo una acacia».

13:55 «En verdad - dijo Daniel - contra tu propia cabeza has mentido, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia y viene a partirte por el medio».

13:56 Retirado éste, mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán, que no de Judá; la hermosura te ha descarriado y el deseo ha pervertido tu corazón!

13:57 Así tratabais a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se entregaban a vosotros. Pero una hija de Judá no ha podido soportar vuestra iniquidad.

13:58 Ahora pues, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste juntos?» El respondió: «Bajo una encina».

13:59 En verdad, dijo Daniel, tú también has mentido contra tu propia cabeza: ya está el ángel del Señor esperando, espada en mano, para partirte por el medio, a fin de acabar con vosotros».

13:60 Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.

13:61 Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes, por su propia boca, había convencido Daniel de falso testimonio

13:62 y, para cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: les dieron muerte, y aquel día se salvó una sangre inocente.

Salmo : Sal 23 (22)

R// Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú

23:1 Salmo. De David. Yahvé es mi pastor, nada me falta.

23:2 Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce,

23:3 y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre.

23:4 Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.

23:5 Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa.

23:6 Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahvé a lo largo de los días.

Evangelio : Jn 8, 1-11

8:1 Mas Jesús se fue al monte de los Olivos.

8:2 Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.

8:3 Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio

8:4 y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

8:5 Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?»

8:6 Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.

8:7 Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra».

8:8 E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.

8:9 Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio.

8:10 Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?»

8:11 Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».