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Lecturas del Día - 03/02/2026

MARTES DE LA IV SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO o SAN BLAS o SAN ÓSCAR

Tiempo Ordinario Semana IV Verde

Primera Lectura : 2 Sam 18, 9-10. 14b. 24-25a. 31 — 19, 3

No se encontró el libro para la sigla: 2 Sam

Salmo : Sal 86 (85)

R// Inclina tu oído, Señor, escúchame.

86:1 Oración. De David. Tiende tu oído, Yahvé, respóndeme, que soy desventurado y pobre,

86:2 guarda mi alma, porque yo te amo, salva a tu siervo que confía en ti. Tú eres mi Dios,

86:3 tenme piedad, Señor, pues a ti clamo todo el día;

86:4 recrea el alma de tu siervo, cuando hacia ti, Señor, levanto mi alma.

86:5 Pues tú eres, Señor, bueno, indulgente, rico en amor para todos los que te invocan;

86:6 Yahvé, presta oído a mi plegaria, atiende a la voz de mis súplicas.

86:7 En el día de mi angustia yo te invoco, pues tú me has de responder;

86:8 entre los dioses, ninguno como tú, Señor, ni obras como las tuyas.

86:9 Vendrán todas las naciones a postrarse ante ti, y a dar, Señor, gloria a tu nombre;

86:10 pues tú eres grande y obras maravillas, tú, Dios, y sólo tú.

86:11 Enséñame tus caminos Yahvé, para que yo camine en tu verdad, concentra mi corazón en el temor de tu nombre.

86:12 Gracias te doy de todo corazón, Señor Dios mío, daré gloria a tu nombre por siempre,

86:13 pues grande es tu amor para conmigo, tú has librado mi alma del fondo del seol.

86:14 Oh Dios, los orgullosos se han alzado contra mí, una turba de violentos anda buscando mi alma, y no te tienen a ti delante de sus ojos.

86:15 Mas tú, Señor, Dios clemente y compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad,

86:16 ¡vuélvete a mí, tenme compasión! Da tu fuerza a tu siervo, salva al hijo de tu sierva.

86:17 Haz conmigo un signo de bondad: Que los que me odian vean, avergonzados, que tú, Yahvé, me ayudas y consuelas.

Evangelio : Mc 5, 21-43

5:21 Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a él mucha gente; él estaba a la orilla del mar.

5:22 Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies,

5:23 y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva».

5:24 Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

5:25 Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años,

5:26 y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor,

5:27 habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto.

5:28 Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré».

5:29 Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal.

5:30 Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?»

5:31 Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"»

5:32 Pero él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho.

5:33 Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante él y le contó toda la verdad.

5:34 El le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

5:35 Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos dicendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?»

5:36 Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe».

5:37 Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

5:38 Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos.

5:39 Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida».

5:40 Y se burlaban de él. Pero él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña.

5:41 Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate».

5:42 La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor.

5:43 Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.