Lecturas del Día - 28/03/2026
SÁBADO DE LA V SEMANA DE CUARESMA
Primera Lectura : Ez 37, 21-28
37:21 y diles: Así dice el Señor Yahvé: He aquí que yo recojo a los hijos de Israel de entre las naciones a las que marcharon. Los congregaré de todas partes para conducirlos a su suelo.
37:22 Haré de ellos una sola nación en esta tierra, en los montes de Israel, y un solo rey será el rey de todos ellos; no volverán a formar dos naciones, ni volverán a estar divididos en dos reinos.
37:23 No se contaminarán más con sus basuras, con sus monstruos y con todos sus crímenes. Los salvaré de las infidelidades por las que pecaron, los purificaré, y serán mi pueblo y yo seré su Dios.
37:24 Mi siervo David reinará sobre ellos, y será para todos ellos el único pastor; obedecerán mis normas, observarán mis preceptos y los pondrán en práctica.
37:25 Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, donde habitaron vuestros padres. Allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos, para siempre, y mi siervo David será su príncipe eternamente.
37:26 Concluiré con ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre.
37:27 Mi morada estará junto a ellos, seré su Dios y ellos serán mi pueblo.
37:28 Y sabrán las naciones que yo soy Yahvé, que santifico a Israel, cuando mi santuario esté en medio de ellos para siempre.
Salmo : Jr 31, 10-13
R// El Señor nos guardará como un pastor a su
31:10 Oíd la palabra de Yahvé, naciones, y anunciad por las islas a lo lejos, y decid: «El que dispersó a Israel le reunirá y le guardará cual un pastor su hato».
31:11 Porque ha rescatado Yahvé a Jacob, y le ha redimido de la mano de otro más fuerte.
31:12 Vendrán y darán hurras en la cima de Sión y acudirán al regalo de Yahvé: al grano, al mosto, y al aceite virgen, a las crías de ovejas y de vacas, y será su alma como huerto empapado, no volverán a estar ya macilentos.
31:13 Entonces se alegrará la doncella en el baile, los mozos y los viejos juntos, y cambiaré su duelo en recocijo, y les consolaré y alegraré de su tristeza;
Evangelio : Jn 11, 45-57
11:45 Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él.
11:46 Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
11:47 Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales.
11:48 Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación».
11:49 Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada,
11:50 ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación».
11:51 Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación
11:52 - y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.
11:53 Desde este día, decidieron darle muerte.
11:54 Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudada llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos.
11:55 Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse.
11:56 Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Que no vendrá a la fiesta?»
11:57 Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.
DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR
Primera Lectura : Is 50, 4-7
50:4 El Señor Yahvé me ha dado lengua de discípulo, para que haga saber al cansado una palabra alentadora. Mañana tras mañana despierta mi oído, para escuchar como los discípulos;
50:5 el Señor Yahvé me ha abierto el oído. Y yo no me resistí, ni me hice atrás.
50:6 Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban, mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos.
50:7 Pues que Yahvé habría de ayudarme para que no fuese insultado, por eso puse mi cara como el pedernal, a sabiendas de que no quedaría avergonzado.
Salmo : Sal 22 (21)
R// Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
22:1 Del maestro de coro. Sobre «la cierva de la aurora». Salmo. De David.
22:2 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¡lejos de mi salvación la voz de mis rugidos!
22:3 Dios mío, de día clamo, y no respondes, también de noche, no hay silencio para mí.
22:4 ¡Mas tú eres el Santo, que moras en las laudes de Israel!
22:5 En ti esperaron nuestros padres, esperaron y tú los liberaste;
22:6 a ti clamaron, y salieron salvos, en ti esperaron, y nunca quedaron confundidos.
22:7 Y yo, gusano, que no hombre, vergüenza del vulgo, asco del pueblo,
22:8 todos los que me ven de mí se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza:
22:9 «Se confió a Yahvé, ¡pues que él le libre, que le salve, puesto que le ama!»
22:10 Sí, tú del vientre me sacaste, me diste confianza a los pechos de mi madre;
22:11 a ti fui entregado cuando salí del seno, desde el vientre de mi madre eres tú mi Dios.
22:12 ¡No andes lejos de mí, que la angustia está cerca, no hay para mí socorro!
22:13 Novillos innumerables me rodean, acósanme los toros de Basán;
22:14 ávidos abren contra mí sus fauces; leones que desgarran y rugen.
22:15 Como el agua me derramo, todos mis huesos se dislocan, mi corazón se vuelve como cera, se me derrite entre mis entrañas.
22:16 Está seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a mi garganta; tú me sumes en el polvo de la muerte.
22:17 Perros innumerables me rodean, una banda de malvados me acorrala como para prender mis manos y mis pies.
22:18 Puedo contar todos mis huesos; ellos me observan y me miran,
22:19 repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica.
22:20 ¡Mas tú, Yahvé, no te estés lejos, corre en mi ayuda, oh fuerza mía,
22:21 libra mi alma de la espada, mi única de las garras del perro;
22:22 sálvame de las fauces del león, y mi pobre ser de los cuernos de los búfalos!
22:23 ¡Anunciaré tu nombre a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré!:
22:24 «Los que a Yahvé teméis, dadle alabanza, raza toda de Jacob, glorificadle, temedle, raza toda de Israel».
22:25 Porque no ha despreciado ni ha desdeñado la miseria del mísero; no le ocultó su rostro, mas cuando le invocaba le escuchó.
22:26 De ti viene mi alabanza en la gran asamblea, mis votos cumpliré ante los que le temen.
22:27 Los pobres comerán, quedarán hartos, los que buscan a Yahvé le alabarán: «¡Viva por siempre vuestro corazón!»
22:28 Le recordarán y volverán a Yahvé todos los confines de la tierra, ante él se postrarán todas las familias de las gentes.
22:29 Que es de Yahvé el imperio, del señor de las naciones.
22:30 Ante él solo se postrarán todos los poderosos de la tierra, ante él se doblarán cuantos bajan al polvo. Y para aquél que ya no viva,
22:31 le servirá su descendencia: ella hablará del Señor a la edad
22:32 venidera, contará su justicia al pueblo por nacer: Esto hizo él.
Segunda Lectura : Flp 2, 6-11
2:6 El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios.
2:7 Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre;
2:8 y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz.
2:9 Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre.
2:10 Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos,
2:11 y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre.
Evangelio : Mt 26, 14 — 27, 66
26:14 Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue donde los sumos sacerdotes,
26:15 y les dijo: «¿Qué queréis darme, y yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de plata.
26:16 Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle.
26:17 El primer día de los Azimos, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»
26:18 El les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos."»
26:19 Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado, y prepararon la Pascua.
26:20 Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.
26:21 Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará».
26:22 Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno: «¿Acaso soy yo, Señor?»
26:23 El respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en el plato, ése me entregará.
26:24 El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!»
26:25 Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho».
26:26 Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo».
26:27 Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: «Bebed de ella todos,
26:28 porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados.
26:29 Y os digo que desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el Reino de mi Padre».
26:30 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.
26:31 Entonces les dice Jesús: «Todos vosotros vais a escandalizaros de mí esta noche, porque está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño.
26:32 Mas después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea».
26:33 Pedro intervino y le dijo: «Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré».
26:34 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: esta misma noche, antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces».
26:35 Dícele Pedro: «Aunque tenga que morir contigo, yo no te negaré». Y lo mismo dijeron también todos los discípulos.
26:36 Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
26:37 Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia.
26:38 Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo».
26:39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú».
26:40 Viene entonces donde los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?
26:41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
26:42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad».
26:43 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados.
26:44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.
26:45 Viene entonces donde los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores.
26:46 ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca».
26:47 Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo.
26:48 El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle».
26:49 Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso.
26:50 Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!» Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.
26:51 En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja.
26:52 Dícele entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán.
26:53 ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles?
26:54 Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?»
26:55 En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis.
26:56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas». Entonces los discípulos le abandonaron todos y huyeron.
26:57 Los que prendieron a Jesús le llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, donde se habían reunido los escribas y los ancianos.
26:58 Pedro le iba siguiendo de lejos hasta el palacio del Sumo Sacerdote; y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver el final.
26:59 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín entero andaban buscando un falso testimonio contra Jesús con ánimo de darle muerte,
26:60 y no lo encontraron, a pesar de que se presentaron muchos falsos testigos. Al fin se presentaron dos,
26:61 que dijeron: «Este dijo: Yo puedo destruir el Santuario de Dios, y en tres días edificarlo».
26:62 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y le dijo: «¿No respondes nada? ¿Qué es lo que éstos atestiguan contra ti?»
26:63 Pero Jesús seguía callado. El Sumo Sacerdote le dijo: «Yo te conjuro por Dios vivo que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios».
26:64 Dícele Jesús: «Sí, tú lo has dicho. Y yo os declaro que a partir de ahora veréis al hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo».
26:65 Entonces el Sumo Sacerdote rasgó sus vestidos y dijo: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia.
26:66 ¿Qué os parece?» Respondieron ellos diciendo: «Es reo de muerte».
26:67 Entonces se pusieron a escupirle en la cara y a abofetearle; y otros a golpearle,
26:68 diciendo: «Adivínanos, Cristo. ¿Quién es el que te ha pegado?»
26:69 Pedro, entretanto, estaba sentado fuera en el patio; y una criada se acercó a él y le dijo: «También tú estabas con Jesús el Galileo».
26:70 Pero él lo negó delante de todos: «No sé qué dices».
26:71 Cuando salía al portal, le vio otra criada y dijo a los que estaban allí: «Este estaba con Jesús el Nazoreo».
26:72 Y de nuevo lo negó con juramento: «¡Yo no conozco a ese hombre!»
26:73 Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: «¡Ciertamente, tú también eres de ellos, pues además tu misma habla te descubre!»
26:74 Entonces él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre!» Inmediatamente cantó un gallo.
26:75 Y Pedro se acordó de aquello que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces». Y, saliendo fuera, rompió a llorar amargamente.
27:1 Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte.
27:2 Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al procurador Pilato.
27:3 Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos,
27:4 diciendo: «Pequé entregando sangre inocente». Ellos dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás».
27:5 El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y fue y se ahorcó.
27:6 Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: «No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre».
27:7 Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros.
27:8 Por esta razón ese campo se llamó «Campo de Sangre», hasta hoy.
27:9 Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Y tomaron las treinta monedas de plata, cantidad en que fue apreciado aquel a quien pusieron precio algunos hijos de Israel,
27:10 y las dieron por el Campo del Alfarero, según lo que me ordenó el Señor».
27:11 Jesús compareció ante el procurador, y el procurador le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» Respondió Jesús: «Sí, tú lo dices».
27:12 Y, mientras los sumos sacerdotes y los ancianos le acusaban, no respondió nada.
27:13 Entonces le dice Pilato: «¿No oyes de cuántas cosas te acusan?»
27:14 Pero él a nada respondió, de suerte que el procurador estaba muy sorprendido.
27:15 Cada Fiesta, el procurador solía conceder al pueblo la libertad de un preso, el que quisieran.
27:16 Tenían a la sazón un preso famoso, llamado Barrabás.
27:17 Y cuando ellos estaban reunidos, les dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, el llamado Cristo?»,
27:18 pues sabía que le habían entregado por envidia.
27:19 Mientras él estaba sentado en el tribunal, le mandó a decir su mujer: «No te metas con ese justo, porque hoy he sufrido mucho en sueños por su causa».
27:20 Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
27:21 Y cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!»
27:22 Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el llamado Cristo?» Y todos a una: «¡Sea crucificado!» -
27:23 «Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
27:24 Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis».
27:25 Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!»
27:26 Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
27:27 Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte.
27:28 Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura;
27:29 y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de los judíos!»;
27:30 y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.
27:31 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
27:32 Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar su cruz.
27:33 Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es, «Calvario»,
27:34 le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él, después de probarlo, no quiso beberlo.
27:35 Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando a suertes.
27:36 Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
27:37 Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su condena: «Este es Jesús, el Rey de los judíos».
27:38 Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
27:39 Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo:
27:40 «Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!»
27:41 Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas y los ancianos se burlaban de él diciendo:
27:42 «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él.
27:43 Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: "Soy Hijo de Dios."»
27:44 De la misma manera le injuriaban también los salteadores crucificados con él.
27:45 Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona.
27:46 Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», esto es: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»
27:47 Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías llama éste».
27:48 Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofrecía de beber.
27:49 Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías a salvarle».
27:50 Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el espíritu.
27:51 En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron.
27:52 Se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron.
27:53 Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
27:54 Por su parte, el centurión y los que con él estaban guardando a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios».
27:55 Había allí muchas mujeres mirando desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle.
27:56 Entre ellas estaban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.
27:57 Al atardecer, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que se había hecho también discípulo de Jesús.
27:58 Se presentó a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato dio orden de que se le entregase.
27:59 José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia
27:60 y lo puso en su sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca; luego, hizo rodar una gran piedra hasta la entrada del sepulcro y se fue.
27:61 Estaban allí María Magdalena y la otra María, sentadas frente al sepulcro.
27:62 Al otro día, el siguiente a la Preparación, los sumos sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato
27:63 y le dijeron: «Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: "A los tres días resucitaré."
27:64 Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos, lo roben y digan luego al pueblo: "Resucitó de entre los muertos", y la última impostura sea peor que la primera».
27:65 Pilato les dijo: «Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis».
27:66 Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.