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Lecturas del Día - 23/05/2026

SÁBADO DE LA VII SEMANA DE PASCUA

Tiempo Pascual Semana VII Blanco

Primera Lectura : Hch 28, 16-20. 30-31

28:16 Cuando entramos en Roma se le permitió a Pablo permanecer en casa particular con un soldado que le custodiara.

28:17 Tres días después convocó a los principales judíos. Una vez reunidos, les dijo: «Hermanos, yo, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las costumbres de los padres, fui apresado en Jerusalén y entregado en manos de los romanos,

28:18 que, después de haberme interrogado, querían dejarme en libertad porque no había en mí ningún motivo de muerte.

28:19 Pero como los judíos se oponían, me vi forzado a apelar al César, sin pretender con eso acusar a los de mi nación.

28:20 Por este motivo os llamé para veros y hablaros, pues precisamente por la esperanza de Israel llevo yo estas cadenas».

28:30 Pablo permaneció dos años enteros en una casa que había alquilado y recibía a todos los que acudían a él;

28:31 predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente al Señor Jesucristo con toda valentía, sin estorbo alguno.

Salmo : Sal 9 (10)

R// Los buenos verán tu rostro, Señor.

9:1 Del maestro de coro. Para oboes y arpa. Salmo. De David.

9:2 Te doy gracias, Yahvé, de todo corazón, cantaré todas tus maravillas;

9:3 quiero alegrarme y exultar en ti, salmodiar a tu nombre, Altísimo.

9:4 Mis enemigos retroceden, flaquean, perecen delante de tu rostro;

9:5 pues tú has llevado mi juicio y mi sentencia, sentándote en el trono cual juez justo.

9:6 Has reprimido a las gentes, has perdido al impío, has borrado su nombre para siempre jamás;

9:7 acabado el enemigo, todo es ruina sin fin, has suprimido sus ciudades, perdido su recuerdo. He aquí que

9:8 Yahvé se sienta para siempre, afianza para el juicio su trono;

9:9 él juzga al orbe con justicia, a los pueblos con rectitud sentencia.

9:10 ¡Sea Yahvé ciudadela para el oprimido, ciudadela en los tiempos de angustia!

9:11 Y en ti confíen los que saben tu nombre, pues tú, Yahvé, no abandonas a los que te buscan.

9:12 Salmodiad a Yahvé, que se sienta en Sión, publicad por los pueblos sus hazañas;

9:13 que él pide cuentas de la sangre, y de ellos se acuerda, no olvida el grito de los desdichados.

9:14 Tenme piedad, Yahvé, ve mi aflicción, tú que me recobras de las puertas de la muerte,

9:15 para que yo cuente todas tus alabanzas a las puertas de la hija de Sión, gozoso de tu salvación.

9:16 Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron, en la red que ocultaron, su pie quedó prendido.

9:17 Yahvé se ha dado a conocer, ha hecho justicia, el impío se ha enredado en la obra de sus manos. Sordina. Pausa.

9:18 ¡Vuelvan los impíos al seol, todos los gentiles que de Dios se olvidan!

9:19 Que no queda olvidado el pobre eternamente, no se pierde por siempre la esperanza de los desdichados.

9:20 ¡Levántate, Yahvé, no triunfe el hombre, sean juzgados los gentiles delante de tu rostro!

9:21 Infunde tú, Yahvé, en ellos el terror, aprendan los gentiles que no son más que hombres. Pausa.

Salmo 10

9:1 Lámed ¿Por qué, Yahvé, te quedas lejos, te escondes en las horas de la angustia?

9:2 Por el orgullo del impío es perseguido el desdichado, queda preso en la trampa que le ha urdido.

9:3 (Mem.) Sí, el impío se jacta de los antojos de su alma, el avaro que bendice menosprecia a Yahvé,

9:4 (Nun.) el impío, insolente, no le busca: «¡No hay Dios!», es todo lo que piensa.

9:5 En todo tiempo se afianzan sus caminos, allá arriba tus juicios muy lejos de él están, a todos sus rivales da soplidos.

9:6 Dice en su corazón: «¡Jamás vacilaré!» (Sámek.) porque en desgracia no se ve,

9:7 maldice. (Pe.) De fraude y perfidia está llena su boca, bajo su lengua sólo maldad e iniquidad;

9:8 al acecho se aposta entre las cañas en los recodos mata al inocente. (Ain.) Todo ojos, espía al desvalido,

9:9 al acecho escondido como león en su guarida, al acecho para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado arrastrándole en su red.

9:10 (Sade.) Espía, se agazapa, se encoge, el desvalido cae en su poder;

9:11 dice en su corazón: «Dios se ha olvidado, tiene tapado el rostro, no ha de ver jamás».

9:12 Qof. ¡Levántate, Yahvé, alza tu mano, oh Dios! ¡No te olvides de los desdichados!

9:13 ¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: «No vendrás a indagar?»

9:14 Res. Lo has visto ya, que la pena y la tristeza las miras tú para tomarlas en tu mano: el desvalido se abandona a ti, tú socorres al huérfano.

9:15 Sin. ¡Quiebra el brazo del impío, del malvado; indaga su impiedad sin dejar rastro!

9:16 ¡Yahvé es rey por siempre, por los siglos; los gentiles han sido barridos de su tierra!

9:17 Tau. El deseo de los humildes escuchas tú, Yahvé, su corazón confortas, alarguas tus oídos,

9:18 para hacer justicia al huérfano, al vejado: ¡cese de dar terror el hombre salido de la tierra!

Evangelio : Jn 21, 20-25

21:20 Pedro se vuelve y ve siguiéndoles detrás, al discípulo a quién Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?»

21:21 Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?»

21:22 Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme».

21:23 Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga».

21:24 Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero.

21:25 Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.

MISA DE LA VIGILIA DE LA SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS

Tiempo Pascual Semana VII Rojo

Primera Lectura : Gn 11, 1-9

La torre de babel.

11:1 Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras.

11:2 Al desplazarse la humanidad desde oriente, hallaron una vega en el país de Senaar y allí se establecieron.

11:3 Entonces se dijeron el uno al otro: «Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego». Así el ladrillo les servía de piedra y el betún de argamasa.

11:4 Después dijeron: «Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos, y hagámonos famosos, por si nos desperdigamos por toda la haz de la tierra».

11:5 Bajó Yahvé a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos,

11:6 y dijo Yahvé: «He aquí que todos son un solo pueblo con un mismo lenguaje, y este es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible.

11:7 Ea, pues, bajemos, y una vez allí confundamos su lenguaje, de modo que no entienda cada cual el de su prójimo».

11:8 Y desde aquel punto los desperdigó Yahvé por toda la haz de la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.

11:9 Por eso se la llamó Babel; porque allí embrolló Yahvé el lenguaje de todo el mundo, y desde allí los desperdigó Yahvé por toda la haz de la tierra.

Salmo : Sal 33 (32)

R// Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad.

33:1 ¡Gritad de júbilo, justos, por Yahvé!, de los rectos es propia la alabanza;

33:2 ¡dad gracias a Yahvé con la cítara, salmodiad para él al arpa de diez cuerdas;

33:3 cantadle un cantar nuevo, tocad la mejor música en la aclamación!

33:4 Pues recta es la palabra de Yahvé, toda su obra fundada en la verdad;

33:5 él ama la justicia y el derecho, del amor de Yahvé está llena la tierra.

33:6 Por la palabra de Yahvé fueron hechos los cielos por el soplo de su boca toda su mesnada.

33:7 El recoge, como un dique, las aguas del mar, en depósitos pone los abismos.

33:8 ¡Tema a Yahvé la tierra entera, ante él tiemblen todos los que habitan el orbe!

33:9 Pues él habló y fue así, mandó él y se hizo.

33:10 Yahvé frustra el plan de las naciones, hace vanos los proyectos de los pueblos;

33:11 mas el plan de Yahvé subsiste para siempre, los proyectos de su corazón por todas las edades.

33:12 ¡Feliz la nación cuyo Dios es Yahvé, el pueblo que se escogió por heredad!

33:13 Yahvé mira de lo alto de los cielos, ve a todos los hijos de Adán;

33:14 desde el lugar de su morada observa a todos los habitantes de la tierra,

33:15 él, que forma el corazón de cada uno, y repara en todas sus acciones.

33:16 No queda a salvo el rey por su gran ejército, ni el bravo inmune por su enorme fuerza.

33:17 Vana cosa el caballo para la victoria, ni con todo su vigor puede salvar.

33:18 Los ojos de Yahvé están sobre quienes le temen, sobre los que esperan en su amor,

33:19 para librar su alma de la muerte, y sostener su vida en la penuria.

33:20 Nuestra alma en Yahvé espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo;

33:21 en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos.

33:22 Sea tu amor, Yahvé, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza.

Segunda Lectura : Ex 19, 3-8. 16-20b

Promesa de la Alianza.

19:3 Moisés subió hacia Dios. Yahvé le llamó desde el monte, y le dijo: «Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel:

19:4 "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí.

19:5 Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra;

19:6 seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa."Estas son las palabras que has de decir a los hijos de Israel».

19:7 Fue, pues, Moisés y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras que Yahvé le había mandado.

19:8 Todo el pueblo a una respondió diciendo: «Haremos todo cuanto ha dicho Yahvé». Y Moisés llevó a Yahvé la respuesta del pueblo.

La teofanía.

19:16 Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar.

19:17 Entonces Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie del monte.

19:18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahvé había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia.

19:19 El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno.

19:20 Yahvé bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte; llamó Yahvé a Moisés a la cima de la montaña y Moisés subió.

Salmo : Dn 3, 52-56

3:52 «Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, loado, exaltado eternamente. Bendito el santo nombre de tu gloria, loado, exaltado eternamente.

3:53 Bendito seas en el templo de tu santa gloria, cantado, enaltecido eternamente.

3:54 Bendito seas en el trono de tu reino, cantado, exaltado eternamente.

3:55 Bendito tú, que sondas los abismos, que te sientas sobre querubines, loado, exaltado eternamente.

3:56 Bendito seas en el firmamento del cielo, cantado, glorificado eternamente.

Salmo variante 2 : Sal 19 (18)

R// Señor, tú tienes palabras de vida eterna.

19:1 Del maestro de coro. Salmo. De David.

19:2 Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento;

19:3 el día al día comunica el mensaje, y la noche a la noche trasmite la noticia.

19:4 No es un mensaje, no hay palabras, ni su voz se puede oír;

19:5 mas por toda la tierra se adivinan los rasgos, y sus giros hasta el confín del mundo. En el mar levantó para el sol una tienda,

19:6 y él, como un esposo que sale de su tálamo, se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.

19:7 A un extremo del cielo es su salida, y su órbita llega al otro extremo, sin que haya nada que a su ardor escape.

19:8 La ley de Yahvé es perfecta, consolación del alma, el dictamen de Yahvé, veraz, sabiduría del sencillo.

19:9 Los preceptos de Yahvé son rectos, gozo del corazón; claro el mandamiento de Yahvé, luz de los ojos.

19:10 El temor de Yahvé es puro, por siempre estable; verdad, los juicios de Yahvé, justos todos ellos,

19:11 apetecibles más que el oro, más que el oro más fino; sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.

19:12 Por eso tu servidor se empapa en ellos, gran ganancia es guardarlos.

19:13 Pero ¿quién se da cuenta de sus yerros? De las faltas ocultas límpiame.

19:14 Guarda también a tu siervo del orgullo, no tenga dominio sobre mí. Entonces seré irreprochable, de delito grave exento.

19:15 ¡Sean gratas las palabras de mi boca, y el susurro de mi corazón, sin tregua ante ti, Yahvé, roca mía, mi redentor.

Tercera Lectura : Ez 37, 1-14

37:1 La mano de Yahvé fue sobre mí y, por su espíritu, Yahvé me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos.

37:2 Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos.

37:3 Me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?» Yo dije: «Señor Yahvé, tú lo sabes».

37:4 Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahvé.

37:5 Así dice el Señor Yahvé a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis.

37:6 Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahvé».

37:7 Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros.

37:8 Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos.

37:9 El me dijo: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahvé: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan».

37:10 Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército.

37:11 Entonces me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros.

37:12 Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor Yahvé: He aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel.

37:13 Sabréis que yo soy Yahvé cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío.

37:14 Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahvé, lo digo y lo haga, oráculo de Yahvé».

Salmo : Sal 107 (106)

R// Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

107:0 ¡Aleluya!

107:1 Dad gracias a Yahvé, porque es bueno, porque es eterno su amor.

107:2 Que lo digan los redimidos de Yahvé, los que él ha redimido del poder del adversario,

107:3 los que ha reunido de entre los países, de oriente y de poniente, del norte y mediodía.

107:4 En el desierto erraban, por la estepa, no encontraban camino de ciudad habitada;

107:5 hambrientos, y sedientos, desfallecía en ellos su alma.

107:6 Y hacia Yahvé gritaron en su apuro, y él los libró de sus angustias,

107:7 les condujo por camino recto, hasta llegar a ciudad habitada.

107:8 ¡Den gracias a Yahvé por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107:9 Porque él sació el alma anhelante, el alma hambrienta saturó de bienes.

107:10 Habitantes de tiniebla y sombra, cautivos de la miseria y de los hierros,

107:11 por haber sido rebeldes a las órdenes de Dios y haber despreciado el consejo del Altísimo,

107:12 él sometió su corazón a la fatiga, sucumbían, y no había quien socorriera.

107:13 Y hacia Yahvé gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias,

107:14 los sacó de la tiniebla y de la sombra, y rompió sus cadenas.

107:15 ¡Den gracias a Yahvé por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107:16 Pues las puertas de bronce quebrantó, y los barrotes de hierro hizo pedazos.

107:17 Embotados de resultas de sus yerros, miserables a causa de sus culpas,

107:18 todo manjar les daba náusea, tocaban ya a las puertas de la muerte.

107:19 Y hacia Yahvé gritaron en su apuro, y él los salvó de sus angustias;

107:20 su palabra envió para sanarlos y arrancar sus vidas de la fosa.

107:21 ¡Den gracias a Yahvé por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107:22 Ofrezcan sacrificios de acción de gracias, y sus obras pregonen con gritos de alegría.

107:23 Los que a la mar se hicieron en sus naves, llevando su negocio por las muchas aguas,

107:24 vieron las obras de Yahvé, sus maravillas en el piélago.

107:25 Dijo, y suscitó un viento de borrasca, que entumeció las olas;

107:26 subiendo hasta los cielos, bajando hasta el abismo, bajo el peso del mal su alma se hundía;

107:27 dando vuelcos, vacilando como un ebrio, tragada estaba toda su pericia.

107:28 Y hacia Yahvé gritaron en su apuro, y él los sacó de sus angustias;

107:29 a silencio redujo la borrasca, y las olas callaron.

107:30 Se alegraron de verlas amansarse, y él los llevó hasta el puerto deseado.

107:31 ¡Den gracias a Yahvé por su amor, por sus prodigios con los hijos de Adán!

107:32 ¡Ensálcenle en la asamblea del pueblo, en el concejo de los ancianos le celebren!

107:33 El cambia los ríos en desierto, y en suelo de sed los manantiales,

107:34 la tierra fértil en salinas, por la malicia de sus habitantes.

107:35 Y él cambia el desierto en un estanque, y la árida tierra en manantial.

107:36 Allí asienta a los hambrientos, y ellos fundan una ciudad habitada.

107:37 Y siembran campos, plantan viñas, que producen sus frutos de cosecha.

107:38 El los bendice y crecen mucho y no deja que mengüen sus ganados.

107:39 Menguados estaban, y abatidos por la tenaza del mal y la aflicción.

107:40 El que vierte desprecio sobre príncipes, los hacía errar por caos sin camino.

107:41 Mas él recobra de la miseria al pobre, aumenta como un rebaño las familias;

107:42 los hombres rectos lo ven y se recrean, y toda iniquidad cierra su boca.

107:43 ¿Hay algún sabio? ¡Que garde estas cosas, y comprenda el amor de Yahvé!

Cuarta Lectura : Jl 3, 1-5

3:1 «Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones.

3:2 Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.

3:3 Y realizaré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, fuego, columnas de humo».

3:4 El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, ante la venida del Día de Yahvé, grande y terrible.

3:5 Y sucederá que todo el que invoque el nombre de Yahvé será salvo, porque en el monte Sión y en Jerusalén habrá supervivencia, como ha dicho Yahvé, y entre los supervivientes estarán los que llame Yahvé.

Salmo : Sal 104 (103)

R// Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

104:1 ¡Alma mía, bendice a Yahvé! ¡Yahvé, Dios mío, qué grande eres! Vestido de esplendor y majestad,

104:2 arropado de luz como de un manto, tú despliegas los cielos lo mismo que una tienda,

104:3 levantas sobre las aguas tus altas moradas; haciendo de las nubes carro tuyo, sobre las alas del viento te deslizas;

104:4 tomas por mensajeros a los vientos, a las llamas del fuego por ministros.

104:5 Sobre sus bases asentaste la tierra, inconmovible para siempre jamás.

104:6 Del océano, cual vestido, la cubriste, sobre los montes persistían las aguas;

104:7 al increparlas tú, emprenden la huída, se precipitan al oír tu trueno,

104:8 y saltan por los montes, descienden por los valles, hasta el lugar que tú les asignaste;

104:9 un término les pones que no crucen, por que no vuelvan a cubrir la tierra.

104:10 Haces manar las fuentes en los valles, entre los montes se deslizan;

104:11 a todas las bestias de los campos abrevan, en ellas su sed apagan los onagros;

104:12 sobre ellas habitan las aves de los cielos, dejan oír su voz entre la fronda.

104:13 De tus altas moradas abrevas las montañas, del fruto de tus obras se satura la tierra;

104:14 la hierba haces brotar para el ganado, y las plantas para el uso del hombre, para que saque de la tierra el pan,

104:15 y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre.

104:16 Se empapan bien los árboles de Yahvé, los cedros del Líbano que él plantó;

104:17 allí ponen los pájaros su nido, su casa en su copa la cigüeña;

104:18 los altos montes, para los rebecos, para los damanes, el cobijo de las rocas.

104:19 Hizo la luna para marcar los tiempos, conoce el sol su ocaso;

104:20 mandas tú las tinieblas, y es la noche, en ella rebullen todos los animales de la selva,

104:21 los leoncillos rugen por la presa, y su alimento a Dios reclaman.

104:22 Cuando el sol sale, se recogen, y van a echarse a sus guaridas;

104:23 el hombre sale a su trabajo, para hacer su faena hasta la tarde.

104:24 ¡Cuán numerosas tus obras, Yahvé! Todas las has hecho con sabiduría, de tus criaturas está llena la tierra.

104:25 Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños;

104:26 por allí circulan los navíos, y Leviatán que tú formaste para jugar con él.

104:27 Todos ellos de ti están esperando que les des a su tiempo su alimento;

104:28 tú se lo das y ellos lo toman, abres tu mano y se sacian de bienes.

104:29 Escondes tu rostro y se anonadan, les retiras su soplo, y expiran y a su polvo retornan.

104:30 Envías tu soplo y son creados, y renuevas la faz de la tierra.

104:31 ¡Sea por siempre la gloria de Yahvé, en sus obras Yahvé se regocije!

104:32 El que mira a la tierra y ella tiembla, toca los montes y echan humo.

104:33 A Yahvé mientras viva he de cantar, mientras exista salmodiaré para mi Dios.

104:34 ¡Oh, que mi poema le complazca! Yo en Yahvé tengo mi gozo.

104:35 ¡Que se acaben los pecadores en la tierra, y ya no más existan los impíos! ¡Bendice a Yahvé, alma mía!

Quinta Lectura : Rm 8, 22-27

8:22 Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.

8:23 Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.

8:24 Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?

8:25 Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia.

8:26 Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables,

8:27 y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.

Evangelio: Jn 7, 37-39

7:37 El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba

7:38 el que crea en mí», como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva.

7:39 Esto lo deciá refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él. Porque aún no había Espíritu, pues todavía Jesús no había sido glorificado.